Escuelas islámicas: demasiado ruido en Ámsterdam, demasiado tarde en Oslo
Desde 2020, el Parlamento noruego quiere impedir que las escuelas coránicas retengan a niños durante la noche. El 23 de septiembre, el Gobierno declaró imposible una prohibición y cambió de opinión diez días después, cuando antiguos alumnos relataron su infancia en esos centros. En Ámsterdam, el Estado probó el método contrario con una escuela islámica y fue condenado a pagar una indemnización.
Seis años de deberes pendientes
El 14 de abril de 2020, el Parlamento noruego, laboristas incluidos, pidió al Gobierno una ley que prohibiera los programas extraescolares regulares en los que los niños pernoctan durante largos periodos. Los objetivos declarados: combatir la segregación, las sociedades paralelas, el control social negativo y la radicalización. El programa que motivó la votación, recuerda NRK, era la escuela coránica del Centro Cultural Islámico.
El 23 de septiembre de 2026, la ministra de Infancia y Familia, Lene Vågslid, descartó la prohibición: podría constituir una discriminación por motivos religiosos según el Convenio Europeo de Derechos Humanos y afectaría además a programas que el Parlamento nunca pretendió suprimir. Diez días después anunció lo contrario: un grupo de trabajo de seis ministerios estudiará una prohibición o normas más estrictas. Sigue sin haber proyecto de ley. La ministra habla ahora de un vacío legal, precisamente el que el Parlamento pidió al Gobierno que colmara en 2020.
Ayuda con los deberes, con dormitorio
El Centro Cultural Islámico, registrado en 1992 y con sede en Drammen, cuenta con unos 4000 miembros y pertenece al movimiento Süleymancı, una corriente suní conservadora procedente de Turquía. Describe su programa nocturno como juego, ayuda con los deberes y actividad física. Los antiguos alumnos describen otra cosa. La hija de un imán huyó a los 15 años; hoy, con 19, vive en una dirección secreta y con una identidad oculta, según informa Aftenposten. Una mujer de unos treinta años, retenida allí contra su voluntad durante cuatro años en la década de 2000, recuerda que no tenía amigos fuera de la comunidad ni practicaba deporte, que se controlaba cómo llevaba atado el hiyab y que había rutinas que dejaban a los niños demasiado cansados para seguir las clases en la escuela. Ha denunciado a la comunidad ante el gobernador provincial y habla de una «cárcel de niños».
«Estar en la congregación era como hacer el servicio militar. Pero éramos niños».— Una antigua residente, hoy de unos treinta años, a NRK
A otro antiguo alumno lo que más le indigna es que el Estado lo financie. Según Aftenposten, la comunidad ha recibido más de 39 millones de coronas en subvenciones públicas y espera convertir un edificio escolar que compró en 2014 en un centro de formación de imanes, con pernoctaciones. La comunidad rechaza las críticas y afirma que sus actividades son voluntarias. El gobernador provincial sigue examinando sus respuestas a más de 30 preguntas.
El diputado liberal Abid Raja se pregunta si Noruega habría esperado tanto si se hubiera recluido durante años a niños blancos en instituciones paralelas.
«¿No deberían esas mismas libertades beneficiar también a los niños musulmanes?».— Abid Raja, diputado liberal, a NRK
El Consejo Islámico de Noruega, por su parte, advierte contra las restricciones colectivas basadas en casos individuales.
Ámsterdam, el método ruidoso
Los Países Bajos probaron el enfoque contrario. En 2019, sus servicios de inteligencia y antiterrorismo acusaron al Cornelius Haga Lyceum, un instituto islámico de secundaria de Ámsterdam financiado con fondos públicos, de tendencias salafistas antidemocráticas, y vincularon a sus directivos con el Emirato del Cáucaso, un grupo yihadista checheno. El alcalde congeló la financiación municipal y el ministro de Educación intentó destituir a la junta directiva y retirar a la escuela los fondos estatales.
Los tribunales no le dieron la razón. En noviembre de 2019, en una resolución cautelar, el Consejo de Estado concluyó que el ministro no había respetado sus propias normas. En septiembre de 2024, un tribunal de La Haya dictaminó que el Estado había actuado de forma ilícita al crear la falsa impresión de que la escuela toleraba a antidemócratas, y lo condenó a indemnizar a la junta directiva del centro.
«La imagen incorrecta que creó el Estado tuvo consecuencias muy negativas para la reputación de la escuela».— Tribunal de Distrito de La Haya, 4 de septiembre de 2024
El verdadero escándalo: los resultados de los exámenes
El Estado había dado la alarma terrorista. En julio de 2026, la inspección educativa constató un fallo mucho más corriente, el mismo que ya había detectado en 2019: una mala gestión. En tres años, alrededor del 35 % de sus alumnos de la vía mavo, el itinerario general de cuatro años, aprobó los exámenes finales, frente a cerca del 91 % a nivel nacional. La junta directiva dispone de un año para corregirlo y califica el informe de parcial.
En Ámsterdam, el Estado alzó la voz demasiado pronto. En Noruega, los niños duermen en la escuela coránica y la ley lleva dormida en la mesa del Gobierno desde 2020.
