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Prohibición de la libertad de pensamiento y de expresión

Leyes contra la blasfemia, juicios por apostasía, cárcel por una publicación, una canción o una duda: allí donde la religión dicta la ley, pensar libremente se convierte en delito. Los textos marcan el tono desde muy pronto. «A quien cambie de religión, matadlo», dice un hadiz de Sahih al-Bujari (3017), y otro cita el abandono del islam entre los tres casos en que puede derramarse la sangre de un musulmán (Bujari 6878, Muslim 1676). El Corán 33:60-61 amenaza a los hipócritas y propagadores de rumores de Medina: dondequiera que se los encuentre, serán apresados y muertos. En Sunan Abi Dawud (4362), el Profeta declara que no se debe precio de sangre por una mujer judía estrangulada por haberlo insultado. Catorce siglos después, una docena de países siguen castigando la apostasía o la blasfemia con la muerte.

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Pena de muerte

En guerra contra Dios, armados con piedras

Desde marzo, Irán ha ahorcado al menos a 59 personas por cargos políticos, entre ellas adolescentes, cinco de ellas en público. Sus delitos, según los tribunales: ventanas rotas, piedras lanzadas, motocicletas incendiadas, todo ello catalogado como «guerra contra Dios». Una misión de la ONU habla ahora de crímenes de lesa humanidad.

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