Violación de los derechos de las mujeres

Veladas en la calle, desnudadas en prisión

La República Islámica clausura un café por una cabeza descubierta y detiene a una mujer por llevar el velo mal puesto. Tras los muros de la prisión de Evin, en Teherán, los guardias de ese mismo Estado obligan a las presas políticas a desnudarse durante los registros, según fuentes citadas por Iran International. El recato, al parecer, es una norma para las mujeres, no para sus carceleros.

El recato, impuesto en la calle

La República Islámica se toma muy en serio el recato de las mujeres. Cuatro años después de que Mahsa Amini muriera bajo custodia de la policía de la moral, detenida por llevar supuestamente el velo mal puesto, la relatora especial de la ONU sobre Irán, Mai Sato, constata que la imposición del hiyab continúa, pese a que la ley de castidad y hiyab quedó suspendida en diciembre de 2024. Se clausuran cafés, restaurantes y tiendas cuando un empleado o un cliente aparece con la cabeza descubierta, y se denuncian detenciones. En Isfahán, Rasht y Mashhad, los vecinos aseguran que la policía de la moral y agentes de paisano han vuelto a las calles. El Estado ha desplegado cámaras de vigilancia, drones y una aplicación de denuncias para proteger el recato de las mujeres. Dentro de sus cárceles, emplea otros métodos.

Desnudadas entre rejas

En la prisión de Evin, en Teherán, las presas políticas se enfrentan ahora a registros corporales cada vez más invasivos, que incluyen desnudos forzados y tocamientos en los pechos, según fuentes citadas por Iran International. Muchas renuncian ya a los traslados médicos y a las visitas de familiares o abogados con tal de no someterse a ellos. También se registra a las familias que acuden de visita: sin zapatos, con la boca inspeccionada, con el cuerpo palpado. Ni siquiera se libran los niños y adolescentes que visitan a un familiar encarcelado. A las mujeres que salen del pabellón se les ha obligado a llevar chanclas y esposas.

El propio reglamento penitenciario iraní solo permite los registros sin ropa cuando son necesarios, y exige el uso de equipos electrónicos siempre que sea posible. Las fuentes se preguntan por qué no se utilizan los escáneres. El reglamento pide máquinas. Los guardias, al parecer, prefieren sus manos.

La seguridad, la excusa oficial

Las autoridades justifican el endurecimiento de las normas por la llegada de más de 40 mujeres encarceladas por delitos financieros, que representan ya cerca de la mitad del pabellón. Cuando las presas protestaron en julio por el hacinamiento, guardias especiales respondieron a porrazos. Algunas presas políticas ven en esta mezcla una política deliberada para quebrar su resistencia colectiva, en un pabellón que se ha convertido en un foco de protestas y huelgas de hambre contra las ejecuciones. En Evin, a una exigencia de dignidad se responde con un registro al desnudo.

No es la primera vez

En octubre de 2024, 22 presas políticas de Evin ya habían exigido una investigación sobre lo que calificaron de «acoso sexual» durante los registros. En agosto, una presa transgénero escribió desde Evin que había sido violada tras su detención en 2023 en un centro de detención del Ministerio de Inteligencia, y que después la amenazaron para que guardara silencio. Antiguos presos y organizaciones de derechos humanos han documentado la violencia sexual contra los detenidos desde la revolución de 1979, como instrumento de tortura y humillación. En marzo de 2024, una misión de investigación de la ONU concluyó que la represión de las protestas de «Mujer, Vida, Libertad» había implicado crímenes de lesa humanidad, entre ellos violaciones y otras formas de violencia sexual, así como persecución por motivos de género.

«Encontramos casos de tortura, en particular de violencia sexual y de violencia de género».— Sara Hossain, presidenta de la misión de investigación de la ONU sobre Irán, marzo de 2024

Mai Sato, por su parte, se niega a perder la esperanza:

«Esos derechos no podrán negarse para siempre».— Mai Sato, relatora especial de la ONU sobre Irán, septiembre de 2026

En la República Islámica, el cuerpo de una mujer pertenece doblemente al Estado: cubierto por ley en la calle, descubierto por la fuerza en prisión. El recato nunca fue lo que importaba. Lo que importaba era el control.

Fuentes

Países

Publicidad
Publicidad

Nuestros socios