Certificada por el califato, condenada en Brooklyn
Llevada por su padre al territorio del Estado Islámico a los 17 años y casada con un combatiente a los 18, una mujer nacida en Brooklyn fue declarada culpable el 27 de octubre de haber recibido adiestramiento con armas del grupo. La prueba clave era un certificado manuscrito hallado en forma de foto en el teléfono de su exmarido, que la propia jueza calificó de débil. El jurado, que había comunicado a la jueza que estaba dividido, tardó tres días en ponerse de acuerdo.
De Prospect Park a la madafa
Halima Salman nació en Brooklyn en 1999, de madre estadounidense y padre turco. En septiembre de 2016, cuando tenía 17 años, su padre se llevó a su esposa y a sus nueve hijos a Turquía y, unos meses después, al territorio del Estado Islámico en Siria. Contó al jurado que se había quedado dormida en una furgoneta y despertó rodeada de hombres armados. La familia pasó unos tres meses en una madafa, una casa de huéspedes donde se retenía a mujeres y niños, hasta que su padre volvió a buscarlos. Según la fiscalía, él trabajaba como guardia para el grupo.
«Si intentas irte, es la muerte».— Halima Salman, declarando en su propia defensa, tribunal federal de Brooklyn, octubre de 2026
En julio de 2017, poco después de que cumpliera 18 años, la casó con un combatiente germano-afgano del EI al que le había presentado unos días antes, en una habitación que parecía un garaje. El acta de matrimonio, declaró, fijaba una dote de 5000 dólares, «pagadera cuando sea posible». Pasó los dos años siguientes cocinando y limpiando para su marido y la madre de este, sin poder salir de casa sin él.
Acta de matrimonio, permiso de armas
La acusación se basaba en un documento manuscrito del EI que la autorizaba a recibir un Kaláshnikov, dos cargadores y munición, hallado en forma de foto en el teléfono de su marido. La defensa sostuvo que era falso: a diferencia de los demás documentos del EI presentados en el juicio, no llevaba sello, y ningún testigo afirmó haberla visto en un entrenamiento. La jueza Natasha Merle lo admitió, aunque lo calificó de «débil». Salman declaró que lo había tomado por su certificado de matrimonio. En el califato, al parecer, un certificado de boda y un permiso de armas son fáciles de confundir.
Los miembros del jurado vieron también un selfi suyo delante de una bandera del EI, dos mensajes de texto cariñosos y un breve vídeo, grabado por su marido, en el que se paseaba por su casa con un AK-47. Ella afirmó que solo sostuvo el fusil porque él se lo pidió.
«El ISIS no obligaba a las mujeres a recibir adiestramiento. Las mujeres querían que el ISIS las adiestrara».— Amanda Shami, fiscal federal, alegato final, octubre de 2026
Libre como un pájaro
Capturada en Baguz en marzo de 2019, pasó cinco años en campos gestionados por las fuerzas lideradas por los kurdos, donde pidió, según dice, un centenar de veces que la enviaran a casa. La fiscalía la acusó de ocultar que era estadounidense. En mayo de 2024, su madre consiguió la repatriación de la familia, que el Departamento de Estado celebró como la mayor realizada desde el noreste de Siria. La víspera, declaró, un agente del FBI le dijo que sería «libre como un pájaro». En el aeropuerto JFK, el FBI la detuvo. Su padre murió en un bombardeo en 2018 y su exmarido se encuentra, al parecer, en una cárcel iraquí. Ningún otro miembro de la familia ha sido acusado.
Dividido, luego unánime
Tras tres días de deliberación y una nota en la que comunicaban a la jueza que estaban divididos, los miembros del jurado la declararon culpable el 27 de octubre de haber recibido adiestramiento de tipo militar de una organización terrorista. El fiscal federal afirmó que el veredicto le pedía cuentas por haber «unido fuerzas con una organización terrorista». Su abogado había calificado el proceso de «grave error judicial», y la defensa ha pedido a la jueza que anule el veredicto, algo que rara vez se concede. Se enfrenta a una pena de hasta diez años de prisión, y la sentencia está prevista para el 2 de febrero.
Se cree que es la primera mujer acusada de pertenecer al EI juzgada en un tribunal federal de Estados Unidos. Según el Programa sobre Extremismo de la Universidad George Washington, 83 adultos estadounidenses, 14 de ellos mujeres, viajaron a Siria o Irak para unirse a grupos terroristas desde 2011. Las fuerzas kurdas siguen reteniendo a unos 2200 familiares extranjeros de presuntos combatientes del EI en un campo del noreste de Siria.
Su padre, que negoció su matrimonio, murió en 2018. El papeleo del califato le sobrevivió y acaba de declarar contra ella.

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