Matrimonio de niñas menores de edadViolación conyugalViolación de los derechos de las mujeresViolencia doméstica

En Irak, casar a una niña exige menos trámites que separarse de un marido

Desde 2025, las parejas iraquíes pueden cambiar el derecho de familia civil por un código religioso chií. Este fija el matrimonio en la pubertad, admite bodas sin testigos ni registro, entrega los hijos al padre a los siete años y solo permite a la mujer divorciarse si ha sido abandonada, privada de manutención o golpeada reiteradamente. Las iraquíes lucharon para que la reforma fuera menos terrible. Seis meses después, el Parlamento la empeoró.

La igualdad ante la ley, ahora en dos versiones

La Ley de Estatuto Personal iraquí de 1959 fijaba la edad mínima para contraer matrimonio en 18 años, o 15 con autorización judicial. También prohibía los matrimonios religiosos celebrados fuera de los tribunales, lo que nunca impidió que se celebraran: en 2021, la ONU constató que el 33,9 % de los matrimonios iraquíes no estaban registrados y que el 22 % de ellos afectaban a niñas menores de 14 años. Las familias casaban a una hija ante un clérigo y luego hacían certificar la unión cuando cumplía 18 años o quedaba embarazada. Ante los hechos consumados, la mayoría de los jueces firmaban.

En enero de 2025, el Parlamento encontró una solución elegante a esta práctica ilegal: legalizarla. Las parejas pueden ahora elegir entre la ley de 1959 y un Código de Estatuto Personal basado en la escuela jurídica chií yafarí. La igualdad ante la ley se presenta ahora en dos versiones: una hija suní hereda las tierras de sus padres, mientras que a su vecina chií se le pueden negar. Una vez hecha, la elección no puede cambiarse. Salvo que uno de los cónyuges pida a un tribunal que aplique el nuevo código a un matrimonio celebrado bajo el antiguo. Ghazal H., divorciada en 2015, lo descubrió en septiembre de 2025, cuando su exmarido la demandó para quitarle la custodia de su hijo de 10 años.

De terrible a simplemente mala, y después peor

Cuando se presentó la enmienda por primera vez, en agosto de 2024, sus detractores temían que abriera el matrimonio a niñas de tan solo nueve años. Las organizaciones de mujeres se movilizaron. En Nayaf, las manifestantes apenas tuvieron tiempo de alzar sus pancartas antes de que unos religiosos empezaran a gritar amenazas, mientras la policía miraba, recuerda la activista Sarah Hussein. Aun así, la campaña dio frutos: la enmienda definitiva mantuvo los límites de edad de 1959, lo que hizo pasar la ley, en palabras de la investigadora de Human Rights Watch Sarah Sanbar, «de terrible a simplemente mala».

Duró seis meses. El 27 de agosto de 2025, el Parlamento aprobó el propio código, que permite el matrimonio a partir de la «pubertad», una edad que puede significar nueve o diez años. El Tribunal Federal validó la votación cuatro días después. La oposición no vino solo de las feministas: los clérigos suníes rechazaron mayoritariamente la enmienda por considerarla sectaria y susceptible de fomentar el matrimonio de menores. En los tribunales religiosos, el contraargumento es más breve.

«Si Dios lo permite, ¿quién eres tú para oponerte?»— Un clérigo, según recuerda la activista Sarah Hussein

Fácil casarse, difícil irse

Según el código, un matrimonio puede celebrarse de palabra, sin testigos, sin registro y ni siquiera en presencia de un clérigo. Irse es otra cosa. Una esposa solo puede pedir el divorcio por abandono, impago de la manutención o malos tratos físicos reiterados, y la sentencia del juez debe ser aprobada por una autoridad religiosa, que puede revocarla. Los malos tratos psicológicos, sexuales y económicos no cuentan. Una sola paliza, cabe suponer, es un malentendido. La custodia pasa automáticamente al padre cuando el hijo cumple siete años, o en cuanto la madre vuelve a casarse.

El resto del panorama jurídico encaja: la violación conyugal no es delito, la ley permite a los maridos «corregir» a sus esposas y una madre no puede obtener un pasaporte para ella o para su hijo sin la aprobación de un tutor varón.

El negocio prospera

La reforma sí estimuló un sector. Una investigación del Sunday Times, citada por Human Rights Watch, recogió que videógrafos, maquilladoras y vendedores de vestidos de Bagdad hablaban de un auge, que atribuyen a un aumento de las clientas niñas novias. Irak no tiene ninguna base de datos nacional sobre el matrimonio infantil, pero UNICEF calcula que el 28 % de las iraquíes nacidas entre 2001 y 2005 se casaron antes de los 18 años. Detrás de los porcentajes hay colegialas. A los 11 años, Sarah Hussein recogió los libros de texto de una compañera de clase a la que habían sacado de la escuela para casarla. Unos meses después, la niña murió por complicaciones del embarazo.

Los argumentos de la defensa

Sus partidarios sostienen que la ley de 1959 reflejaba la doctrina suní, que los iraquíes chiíes merecen su propio código y que incorporar los matrimonios precoces a la ley da a las niñas documentos, derechos sucesorios y cierta protección. Un buen argumento, salvo que el código permite matrimonios sin registro alguno, que es precisamente lo que priva a mujeres y niñas de los documentos civiles que necesitan para dar a luz en un hospital público, inscribir a un hijo, ir a la escuela o solicitar prestaciones. Entretanto, el vecino Kuwait elevó recientemente la edad mínima para contraer matrimonio a 18 años, sea cual sea la confesión.

En el Irak actual, una niña puede ser casada con una sola frase pronunciada y sin testigos. Irse exige un juez, la bendición de un clérigo y la prueba de que fue abandonada, privada de manutención o golpeada más de una vez. El papeleo, al parecer, solo empieza una vez hecho el daño.

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